¿Dónde salen las hernias? Zonas, tipos y cómo identificarlas
¿Qué es una hernia y dónde salen? Estas dos preguntas resumen la preocupación de muchos pacientes al notar un abultamiento o molestia en zonas como el abdomen o la ingle. La realidad es que las hernias, una de las afecciones quirúrgicas más frecuentes, presentan características muy variables: mientras en la población general tienen una prevalencia del 5%, en grupos específicos (como varones mayores de 50 años) alcanzan hasta el 20%. Esta diferencia depende de factores como el tipo de hernia, la edad, la actividad física o incluso la genética.
Aunque tradicionalmente se vinculan a esfuerzos intensos, su formación es más compleja: surge de la interacción entre debilidades estructurales (congénitas o adquiridas) y presiones intraabdominales repetidas. Por ello, no todas se ven igual ni aparecen en el mismo lugar.
En este artículo nos centraremos en las hernias de pared abdominal, aquellas que “salen” en zonas como la ingle, el ombligo o cicatrices quirúrgicas, tratadas por cirugía general.
¿Qué es una hernia?
Una hernia es el desplazamiento anormal de un órgano o tejido a través de una zona debilitada en la pared muscular o fascia que debería contenerlo. Este fenómeno, común en la pared abdominal, surge de la combinación de dos factores clave:
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Debilidad estructural
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Congénita: Defectos presentes desde el nacimiento, como el cierre incompleto del canal inguinal o del anillo umbilical.
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Adquirida: Resultado de envejecimiento, cirugías previas, traumatismos o enfermedades que afectan al tejido conectivo.
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Aumento de presión intraabdominal
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Causado por esfuerzos físicos repetidos (levantar peso, estreñimiento crónico), obesidad, embarazo, tos persistente (ej: en fumadores con EPOC) o ascitis (acumulación de líquido en el abdomen).
Mecanismo de formación:
La presión constante sobre un área ya debilitada termina por generar una apertura anómala, lo que permite que órganos como el intestino, la grasa abdominal o el estómago protruyan hacia fuera.
Las hernias de pared abdominal —como las inguinales, umbilicales o incisionales— requieren intervención de cirugía general para evitar complicaciones.
¿Por qué no siempre son visibles?
Algunas hernias solo se manifiestan bajo esfuerzo (al toser, levantar peso) y pueden reducirse espontáneamente. Otras, sin embargo, forman un bulto permanente que requiere evaluación urgente si causa dolor o cambios de coloración.
Tipos de hernias y su localización
¿Te preguntas dónde sale una hernia y qué tipos hay? En este apartado, profundizaremos en cómo son las hernias y dónde salen; los tipos de hernias de pared abdominal (las más frecuentes en consultas de cirugía general) y su ubicación exacta, que afectan a la columna y son tratadas por neurocirugía.
Hernias abdominales (cirugía general)
Hernia inguinal
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Zona: Ingle (parte baja del abdomen).
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Causas: Debilidad en el canal inguinal + esfuerzos físicos.
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¿Cómo identificarla?: Para reconocer dónde salen las hernias inguinales, debes saber que se trata de un bulto blando que aumenta al toser o levantar peso.
Hernia umbilical
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Zona: Ombligo.
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Causas: Cierre incompleto del anillo umbilical o presión abdominal.
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¿Cómo identificarla?: Protuberancia redonda cerca del ombligo.
Hernia de hiato
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Zona: Diafragma (zona alta del abdomen, cerca del estómago).
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Causas: Debilidad del hiato esofágico + obesidad.
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¿Cómo identificarla?: Ardor estomacal, reflujo, sin bulto visible.
Hernia incisional
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Zona: Cicatrices de cirugías abdominales previas.
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Causas: Mala cicatrización o infección postoperatoria.
Hernia femoral
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Zona: Ingle baja/muslo (cerca de la arteria femoral).
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Causas: Embarazo, obesidad, esfuerzo crónico.
Hernias discales (neurocirugía)
Zona: Columna vertebral (principalmente lumbar o cervical).
No son protrusiones de órganos, sino del núcleo pulposo de un disco vertebral y el tratamiento implica neurología/rehabilitación, en lugar de cirugía general.
Factores que predisponen a desarrollar hernias
Las hernias no surgen por una única causa, sino de la combinación de vulnerabilidades anatómicas y agentes desencadenantes.
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Esfuerzos físicos intensos o repetitivos:
Actividades como levantar peso de forma incorrecta, cargar objetos voluminosos o incluso episodios de estreñimiento crónico aumentan la presión intraabdominal. Esta presión, cuando se ejerce sobre zonas débiles (como el canal inguinal o el ombligo), genera microtraumas que pueden derivar en una protrusión.
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Debilidad muscular adquirida o congénita:
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Congénita: Defectos en el cierre de estructuras como el anillo umbilical o el canal inguinal, presentes desde el nacimiento.
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Adquirida: Envejecimiento, cirugías previas (que dejan cicatrices frágiles), tabaquismo (dificulta la cicatrización) o enfermedades que afectan al tejido conectivo (ej: síndrome de Marfan).
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Predisposición genética:
Algunas personas heredan una mayor fragilidad en los tejidos que sostienen la pared abdominal, lo que facilita la formación de hernias ante mínimos esfuerzos.
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Afecciones médicas y hábitos:
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Obesidad: El exceso de grasa abdominal incrementa la presión sobre músculos y fascias.
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Embarazo: La distensión de la pared abdominal y el peso del útero favorecen hernias umbilicales o inguinales.
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Tos crónica (por EPOC o tabaquismo): Cada acceso de tos actúa como un “microesfuerzo” repetitivo.
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Ascitis: La acumulación de líquido en el abdomen (por cirrosis u otras patologías) presiona continuamente las paredes musculares.

Los doctores Antonio Navarro e Iván Soto, cirujanos generales y del aparato digestivo, especializados en pared abdominal.
¿Cómo interactúan estos factores?
Por ejemplo, un varón con predisposición genética a tejidos débiles que trabaje cargando cajas pesadas tendrá un riesgo elevado de hernia inguinal. Del mismo modo, una mujer con obesidad y tos crónica por tabaquismo podría desarrollar una hernia umbilical o femoral.
Prevención práctica:
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Evitar levantar peso sin flexionar las rodillas y usando fajas de soporte si es necesario.
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Controlar el peso y tratar afecciones como el estreñimiento o la tos persistente.
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En casos de cirugía abdominal previa, seguir al pie de la letra las indicaciones postoperatorias para evitar hernias incisionales.
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La clave está en minimizar la presión sobre zonas vulnerables y fortalecer la musculatura abdominal con ejercicios adaptados (ej: pilates terapéutico).
Síntomas de las hernias
Aunque algunas hernias son asintomáticas en etapas iniciales, la mayoría manifiestan signos característicos que varían según su localización y gravedad.
Dolor y molestias
El dolor suele ser el síntoma más frecuente y la intensidad depende de factores como el tamaño de la hernia o la presencia de estrangulamiento (cuando el tejido protruido pierde riego sanguíneo). Se describe como:
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Molestia localizada: Sensación de tirantez o ardor en la zona afectada (ingle, ombligo, etc.), que empeora al realizar esfuerzos físicos, toser o estar de pie durante largos períodos.
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Dolor agudo y repentino: Suele indicar complicaciones, como incarceración (hernia atrapada) o estrangulación. Ejemplo: Un dolor punzante en la ingle al levantar un peso, acompañado de incapacidad para reducir el bulto manualmente.
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Dolor referido: En casos como las hernias de hiato, el malestar puede irradiarse al pecho, confundiéndose con problemas cardíacos.
Bultos visibles
La protrusión de tejido a través de la pared abdominal es el signo más evidente, aunque no todas las hernias son palpables:
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Bultos reductibles: Aparecen al realizar esfuerzos y desaparecen al acostarse o presionar suavemente. Son comunes en hernias inguinales o umbilicales no complicadas.
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Bultos firmes o dolorosos al tacto: Indican posible incarceración. Ejemplo: Una hernia femoral que no se reduce y presenta enrojecimiento en la piel circundante.
Otros síntomas
Cuando una hernia se complica, pueden aparecer signos sistémicos que requieren atención urgente:
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Náuseas y vómitos: Frecuentes en hernias estranguladas, debido a la obstrucción intestinal.
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Cambios en el tránsito intestinal: Estreñimiento repentino o incapacidad para expulsar gases (sugiere obstrucción).
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Fiebre o escalofríos: Indican infección, común en hernias incisionales con tejido necrosado.
¿Cuándo acudir al médico?
Solicita atención médica inmediata si:
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El bulto se vuelve doloroso, oscuro o frío al tacto.
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Hay vómitos persistentes, distensión abdominal o fiebre.
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El dolor no cede con reposo y limita tus actividades cotidianas.
Nota: Las hernias reducibles asintomáticas también deben evaluarse, ya que el riesgo de complicaciones aumenta con el tiempo. Un diagnóstico precoz permite optar por cirugía programada, menos arriesgada que una intervención de emergencia.
Diagnóstico y tratamiento de las hernias
La intervención temprana en las hernias es muy importante para prevenir complicaciones como la estrangulación, que puede provocar daños irreversibles en los tejidos y requerir cirugía urgente.
Métodos de diagnóstico
El proceso diagnóstico combina evaluación clínica y pruebas complementarias para determinar el tipo de hernia, su tamaño y posibles complicaciones:
Examen físico:
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Inspección y palpación: El médico observa y palpa la zona afectada, pidiendo al paciente que tosa o realice esfuerzos para provocar la protrusión.
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Maniobras específicas: En hernias inguinales, se usa la técnica del «dedo-guante» para identificar el recorrido del tejido a través del canal.
Ecografía abdominal/inguinal:
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Técnica no invasiva ideal para hernias pequeñas o dudosas. Detecta la presencia de tejido protruido y evalúa su movilidad.
Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM):
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Se reserva para casos complejos (hernias incisionales grandes, recidivantes) o cuando se sospecha estrangulación.
Endoscopia:
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En hernias de hiato, permite valorar el daño en la mucosa esofágica por reflujo.
Opciones de tratamiento
La elección del tratamiento depende de factores como el tipo de hernia, la sintomatología y el riesgo quirúrgico del paciente:
Tratamiento conservador:
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Vigilancia activa: En hernias pequeñas, asintomáticas y reductibles (ej: umbilicales en niños menores de 5 años, que pueden cerrar espontáneamente).
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Fajas o cinturones herniarios: Solución temporal para pacientes no candidatos a cirugía (riesgo anestésico elevado). No eliminan la hernia y su uso prolongado puede debilitar más la pared abdominal.

Los doctores Enric Fernández y Laura Jiménez en el quirófano de Hospitales Universitarios San Roque en Vegueta.
Tratamiento quirúrgico:
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Herniorrafia: Reparación quirúrgica clásica, reforzando la zona debilitada con suturas. Menos común hoy por mayor tasa de recidivas.
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Hernioplastia: Colocación de una malla sintética para cubrir el defecto. Técnica estándar por su eficacia (reducción del 50-75% en recidivas frente a la sutura).
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Cirugía laparoscópica: Menos invasiva, con recuperación más rápida. Ideal para hernias bilaterales o recidivantes.
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Urgencia quirúrgica: En hernias estranguladas, se opera de inmediato para evitar necrosis intestinal.
Prevención de hernias
Aunque no todas las hernias pueden evitarse, ciertas medidas reducen significativamente el riesgo:
Técnicas adecuadas al levantar peso:
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Flexionar rodillas, mantener la espalda recta y evitar torsiones bruscas.
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Usar fajas de soporte solo en actividades puntuales (ej: trabajos de carga).
Fortalecimiento muscular:
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Ejercicios de core (planchas, pilates) para mejorar la resistencia de la pared abdominal.
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Evitar abdominales tradicionales si hay predisposición a hernias, ya que aumentan la presión intraabdominal.
Control de factores de riesgo:
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Tratar el estreñimiento crónico con dieta rica en fibra o laxantes suaves.
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Abandonar el tabaco: El tabaquismo altera la cicatrización y debilita los tejidos.
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Mantener un peso saludable (IMC <30) para reducir presión sobre los músculos abdominales.
Cuidados postoperatorios:
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Evitar esfuerzos físicos durante 8-12 semanas tras cirugía abdominal.
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Seguir revisiones médicas para detectar recidivas tempranas.
Las hernias de pared abdominal requieren un enfoque que combine diagnóstico preciso y tratamiento oportuno. La detección temprana es clave para abordarlas antes de que surjan complicaciones. Para lograrlo, es fundamental contar con protocolos quirúrgicos actualizados y equipos multidisciplinares.
En el Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo de Hospitales Universitarios San Roque combinamos técnicas vanguardistas con un equipo de cirujanos, anestesiólogos y enfermeras especializadas. Nuestra prioridad es ofrecer un tratamiento seguro y adaptado a tu caso desde la primera consulta hasta el alta médica, para que recuperes tu calidad de vida con las molestias mínimas.
¿Sospechas que podrías tener una hernia? Llámanos para una consulta personalizada.
14-08-2025Compartir:
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