¿Qué es la hipertensión arterial? ¿Es hereditaria?

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica muy frecuente y uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. En España afecta a más del 40 % de la población adulta y, lo más preocupante, cerca de un tercio de las personas que la padecen no lo sabe.

Se caracteriza por una elevación persistente de la presión con la que la sangre circula por las arterias. Si no se controla adecuadamente, puede dañar órganos vitales como el corazón, el cerebro, los riñones o los ojos, aumentando el riesgo de infarto, ictus o insuficiencia renal.

Aunque factores como la alimentación, el sedentarismo o el estrés influyen claramente en su aparición, surge una duda muy habitual: ¿la hipertensión es hereditaria?
En este artículo analizamos qué es la hipertensión, cómo se clasifica actualmente, qué papel juega la genética y qué podemos hacer para prevenirla o controlarla.

 ¿Qué es la hipertensión arterial?

La hipertensión arterial es un trastorno crónico caracterizado por una elevación mantenida de la presión que la sangre ejerce sobre las paredes de las arterias. Cuando esta presión es demasiado alta durante largos periodos, el sistema cardiovascular trabaja con mayor esfuerzo, lo que favorece el desgaste de los vasos sanguíneos y del corazón.

Con el tiempo, esta sobrecarga aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente infarto de miocardio, ictus y daño renal.

¿Cómo se mide la presión arterial?

La presión arterial se expresa con dos cifras, medidas en milímetros de mercurio (mmHg):

  • Presión sistólica (la cifra alta): es la presión cuando el corazón se contrae y bombea la sangre.

  • Presión diastólica (la cifra baja): es la presión cuando el corazón se relaja entre latidos.

Ejemplo: una tensión de 120/80 mmHg significa 120 mmHg de presión sistólica y 80 mmHg de diastólica.

Clasificación de la presión arterial (Guías ESC 2024)

Según las Guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) 2024, la presión arterial se clasifica de la siguiente manera:

Clasificación

Presión sistólica (mmHg)

Presión diastólica (mmHg)

Óptima

< 120

< 80

Normal

120-129

80-84

Normal-Alta

130-139

85-89

Hipertensión Grado 1

140-159

90-99

Hipertensión Grado 2

160-179

100-109

Hipertensión Grado 3

≥  180

≥  110

Importante:

  • Un valor aislado elevado no confirma el diagnóstico de hipertensión.
  • Es necesario realizar varias mediciones en distintos momentos, preferiblemente también fuera de la consulta (en casa o con un monitor de 24 h).

 

Tipos de hipertensión según su causa

Hipertensión primaria (o esencial)

Es la forma más frecuente y representa alrededor del 90–95 % de los casos.

No tiene una causa única identificable. No obstante, influyen factores como la predisposición genética, la edad, el consumo excesivo de sal, el sobrepeso, el sedentarismo o el estrés.

Su manejo combina cambios en el estilo de vida y, en muchos casos, tratamiento farmacológico a largo plazo.

Hipertensión secundaria

Aparece en aproximadamente el 5–10 % de los pacientes y se debe a una causa concreta identificable, como:
Enfermedades renales (por ejemplo, estenosis de la arteria renal).
Trastornos hormonales (hiperaldosteronismo, síndrome de Cushing, feocromocitoma).
Apnea obstructiva del sueño.
Uso prolongado de determinados fármacos (antiinflamatorios, corticoides, anticonceptivos).

A diferencia de la primaria, la hipertensión secundaria puede mejorar o incluso resolverse si se trata la causa subyacente.


Causas de la hipertensión arterial

La hipertensión no suele tener una única causa, sino que aparece por la combinación de factores genéticos, ambientales y hábitos de vida.

Factores genéticos y herencia

Tener antecedentes familiares de hipertensión aumenta el riesgo de desarrollarla. Si uno de los padres es hipertenso, la probabilidad puede multiplicarse hasta por tres.
No obstante, no se hereda la enfermedad como tal, sino una predisposición, que puede verse atenuada o agravada por el estilo de vida.

Estilo de vida

La forma de vida tiene una influencia directa y determinante en el desarrollo y el control de la hipertensión arterial. Una alimentación con exceso de sal, la falta de actividad física regular o el aumento de peso favorecen la elevación progresiva de la presión arterial al incrementar la rigidez de las arterias y la carga de trabajo del corazón.

A ello se suma el impacto del estrés mantenido en el tiempo, que activa mecanismos hormonales y nerviosos capaces de elevar la tensión de forma persistente. Del mismo modo, el consumo habitual de alcohol y el tabaco contribuyen al deterioro de la pared vascular y aumentan el riesgo cardiovascular global.

La buena noticia es que todos estos factores son modificables. Adoptar hábitos saludables no solo ayuda a prevenir la aparición de hipertensión, sino que también puede mejorar su control y reducir la necesidad de tratamiento farmacológico o potenciar su eficacia cuando este ya es necesario.

Factores ambientales y enfermedades asociadas

Además del estilo de vida, existen factores externos y determinadas enfermedades que pueden influir en la elevación de la presión arterial. La exposición prolongada a la contaminación atmosférica se ha relacionado con un mayor riesgo cardiovascular, mientras que algunas patologías, especialmente las enfermedades renales crónicas, alteran los mecanismos que regulan el equilibrio de líquidos y la presión sanguínea.

 

Entonces, ¿la hipertensión es hereditaria?

La hipertensión arterial tiene un claro componente hereditario, pero no es una enfermedad inevitable. La genética influye, pero no actúa de forma aislada ni determina por sí sola que una persona vaya a desarrollar tensión alta. En realidad, lo que se hereda es una predisposición, que puede verse reforzada o atenuada por el entorno y los hábitos de vida.

Una persona con antecedentes familiares de hipertensión puede reducir de forma significativa su riesgo si adopta un estilo de vida saludable. Mantener un peso adecuado, limitar el consumo de sal, realizar ejercicio de forma regular y cuidar el manejo del estrés son medidas capaces de contrarrestar, en gran parte, esa carga genética. Por el contrario, unos hábitos poco saludables pueden acelerar la aparición de la enfermedad incluso en personas sin antecedentes familiares claros.


Síntomas y diagnóstico de la hipertensión. 

La hipertensión arterial suele definirse como una enfermedad silenciosa, ya que en muchos casos no provoca síntomas evidentes durante años. Esto hace que muchas personas convivan con cifras elevadas de presión sin ser conscientes de ello, hasta que aparecen complicaciones cardiovasculares o renales.

Síntomas asociados a la hipertensión

Cuando la presión arterial se mantiene elevada de forma sostenida o aumenta bruscamente, pueden aparecer manifestaciones inespecíficas como:
Dolor de cabeza persistente.
Sensación de mareo o visión borrosa. 
Zumbidos en los oídos.
Palpitaciones o un cansancio injustificado. 

No obstante, es importante recalcar que estos síntomas no son exclusivos de la hipertensión y la ausencia de estos síntomas no descarta la presencia de hipertensión. Esto refuerza la importancia de realizar controles periódicos incluso en personas que se sienten bien.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en mediciones repetidas y correctamente realizadas de la presión arterial, así como la realización de pruebas complementarias: 
Mediciones repetidas en consulta.
Monitorización ambulatoria de 24 horas (MAPA): Un dispositivo portátil registra la presión en intervalos regulares durante un día completo, evitando el "efecto bata blanca" (nerviosismo en consulta).  
Automedición domiciliaria.

El estudio suele completarse con análisis y pruebas complementarias para valorar la posible afectación de órganos diana como el corazón, los riñones o los vasos sanguíneos.

La Sociedad Española de Hipertensión recomienda que todos los adultos midan su presión al menos una vez al año, incluso si no presentan síntomas. Del mimos modo, la Sociedad Europea de Cardiología, recomienda comprobar la PA de todos los pacientes adultos (≥18 años) de forma oportunista cada vez que el paciente acude a consulta.


Tratamiento y prevención de la hipertensión

El tratamiento de la hipertensión arterial tiene como objetivo principal reducir las cifras de presión y prevenir complicaciones a largo plazo, como el infarto de miocardio, el ictus o el deterioro renal. Para lograrlo, se combinan medidas relacionadas con el estilo de vida y, cuando es necesario, tratamiento farmacológico individualizado.

 

Modificaciones en el estilo de vida

Las modificaciones en la forma de vida constituyen la base del abordaje terapéutico. Una alimentación equilibrada, con especial énfasis en la reducción del consumo de sal y en fomentar la dieta mediterránea

La práctica regular de ejercicio físico (150 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a la semana), contribuye a mejorar la elasticidad de las arterias y el control de la presión arterial. 

El control del peso, la reducción del estrés y la eliminación del tabaco y del consumo excesivo de alcohol son igualmente fundamentales para reducir el riesgo cardiovascular global.

Tratamiento farmacológico

Cuando estas medidas no son suficientes, el médico puede indicar tratamiento farmacológico adaptado a las características de cada paciente. Este tratamiento se ajusta de forma progresiva y requiere un seguimiento periódico para garantizar su eficacia y seguridad.

Prevención primaria y secundaria  

Es importante diferenciar entre prevención primaria, dirigida a evitar la aparición de hipertensión en personas con cifras normales o ligeramente elevadas, y prevención secundaria, enfocada a reducir el riesgo de complicaciones en pacientes ya diagnosticados mediante un control estricto y revisiones regulares.


Seguimiento y cumplimiento del tratamiento

El control eficaz de la hipertensión a largo plazo exige un compromiso continuo por parte del paciente y un enfoque coordinado por parte del equipo médico. La monitorización constante de la presión arterial, tanto en el domicilio como en consulta, permite ajustar las pautas terapéuticas según la evolución individual. Además, es esencial realizar revisiones periódicas de órganos diana (riñones, corazón y retina), ya que estos pueden sufrir daños progresivos incluso en ausencia de síntomas evidentes.  

La hipertensión arterial es una enfermedad frecuente y multifactorial, en la que la genética influye, pero el estilo de vida es decisivo. Su detección precoz y un buen control reducen de forma significativa el riesgo de infarto, ictus y daño renal.

En Hospitales Universitarios San Roque (HUSR) abordamos la hipertensión desde un enfoque integral. Nuestro Servicio de Cardiología, equipado con tecnología de última generación y dirigido por especialistas de reconocido prestigio, ofrece protocolos personalizados que incluyen diagnóstico preciso, seguimiento continuo y educación terapéutica. Además, contamos con programas de prevención primaria para pacientes en riesgo y estrategias avanzadas para casos complejos, priorizando la seguridad y calidad de vida del paciente. ¡Llámanos!

Dr. Cristian Miranda, Cardiólogo de HUSR

Compartir:

/public/uploads/posts/2025-12/que-es-la-hipertension-arterial-1766760491138.webp